
Los caminos de la vida siempre encuentran algún punto de inflexión, un cruce donde presente, pasado y futuro convergen, curvas en lo que aquello que era lo más común empieza a molestar, corrijo, donde te empezás a ahogar, comenzás a tener escozor y lo que alguna vez encontró su sitio adecuado rozando tu piel, ahora te enerva, te insufla el aire, buscás y no hay forma de sacarte el coso ese de encima, maldito karma de tener una madre judía , maldito ese mal congénere que creó el coso ese, culpa de mi progenitora y de toda la troupe de mujeres con instintos maternales que vivieron antes que ella y me obligaron a darle cabida en mi vida, de continuar con el mandato familiar, permitiendo que el coso ese me agarre del cuello y se obstine a permanecer aferrado a mí con una fuerza que no creí que tuviera, todo mi cuerpo lucha, trata de soltarse, de arrojar al coso ese bien lejos, mis pobres manos dejan de responderme, se rinden, aducen que no trabajan en misiones imposibles, a esta altura más que por no poder respirar por la conciencia de que el coso ese tiene energía para mantenerme cautiva en contra de mi voluntad me empieza a faltar el aire, el tono de mi epidermis pasa de un saludable color rosa salmón a un violeta berenjena mortecino , mientras yo más me pierdo en suspiros el coso ese gana en fortaleza gracias a mi innegable inutilidad para acabar con su flagelo, se estiran los minutos en horas, se alargan las horas en días, se dilatan los días en eternidades inimaginables, mi carne torturada por la agonía lejos de ceder se hincha , el coso ese no tiene compasión pues carece de sentimientos ni nada que se le parezca, siglos de yugo continuo, generaciones y generaciones sufriendo por esos horribles pasamontañas.
Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Retrato para una bella mujer" de Alejandro Conde López