
Me desperté transpirado. Había dormido más de la cuenta y
soñado algo que no podía recordar. Algo que tenía que ver con una mosca, o
muchas moscas que giraban alrededor mío y se posaban de a una en cada lugar de
mi cuerpo. El día pronosticaba normalidad. Paso a paso se fue cumpliendo mi
premonición de rutinas. Beso mañanero de
miércoles que incluyó polvo de jueves (se ve que mañana ella se iba más
temprano). Desayuno con dos adorables criaturas peleándose por la tostada más
quemada, la cual terminó, pobrecita, adquiriendo poderes mágicos y volando de
la cocina para aterrizar en el living, mientras yo estaba seguro que mi sueño
de las moscas era fundamental para el
buen funcionamiento de mi vida. Dejando a mi mujer en su trabajo una frase se intercaló entre
sus “no me aguanto el pelo voy a la peluquería al mediodía” “nos quedamos sin
leche cuando vuelvas traé” “la canilla de la cocina gotea”, una frase que me
dejó intrigado “Ella, la mosca dorada, es la clave para cambiar tu vida”.¿Qué
querrá decir? La enraizada costumbre a la normalidad ayudó a alejar un poco estos
pensamientos de mi mente, lo que era una verdadera lástima porque mi trabajo
hacia siglos que me había dejado de interesar. De vez en cuando, miraba por la
ventana y veía un holograma de mosca dorada gigante que me hacía señas con sus
patitas de que la siguiera, que dejara todo, que me apurara, que comprara la
leche, que arreglara lo de la canilla que goteaba y que le cortara el pelo a mi
mujer con el cuchillo con que se untan las tostadas quemadas. ¿Cuánto tiempo se
le puede decir que no a un bicharraco como ese? Como si las respuestas a todas
las preguntas que me hice en la vida estuvieran en esas acciones simples me
dispuse a cumplir las consignas más claras que tenía en ese momento, aunque
ninguna me importara un bledo. Compré la leche y la puse en el baúl. Di
de baja el servicio de agua en mi casa y al mediodía me fui a la peluquería a
ver como andaba lo de mi mujer. Cuando entré charlaba animadamente con el
peluquero y le sonreía mientras le metía la lengua en la boca. Hubo algo que me
llamó la atención, además de que perdí la cuenta de cuándo fue la última vez
que sonrió, volando volando vino una mosca y se le posó en la comisura del
labio al tiempo que un rayo dorado de
luz solar penetraba por un ventiluz del local. Entonces la vi. La mosca dorada,
la clave. Me dispuse a hacerle los honores y
con el cuchillo de untar tostadas que tenía en el bolsillo traté de
matarla con tan poca suerte que cada vez que clavaba el cuchillo en mi fiel
esposa, la mosca, cambiaba de lugar. ¡Qué insecto tan vivo! Pensó que apoyándose en la piel del peluquero
se iba a salvar. ¡Qué va! Yo tenía un objetivo claro, uno propio, quería matar a esa mosca y un simple peluquero
no iba a serme de obstáculo. No sé cuantas veces intenté. Muchas. Hasta que
logré atrapar a la mosca. Cuando levanté mi vista, mosca en mano, entendí. “Ella, la mosca dorada, había
cambiado mi vida”.
Aida Rebeca Neuah
Imagen "Killing Flies" de Marine Suzineau
Para la próxima si quiere atrapar una mosca pruebe con un aplauso unos centímetros por encima de donde se pose. Con un cuchillo es mucho más difícil. Por eso tiene su mérito, claro que sí. Pero mire el enchastre que dejó este buen hombre en la peluquería...
ResponderEliminarEsta bueno hacer semejante enchastre y que limpie otro...
EliminarLas acciones que cambian la vida siempre tienen algo de magia, un dejo de surrealismo. Se pueden materializar a través de una mosca dorada, sí, aunque a mí me gustan más los elefantes albinos.
ResponderEliminarUn saludo.
Sir Yoni, elefante albino fue mi primera opción. Se me dificulto hacerlo pasar por la puerta de la peluquería. Beso
EliminarJA JA JA... Que hilarante manera de manejar un asesinato. El hombre no deberia culpar mucho a la mosca, ella lo guio bien en su camino.
ResponderEliminarMe gusto mucho.
Un abrazo.
Creo que este hombre al final del cuento supo realmente apreciar el valor que una mosca dorada tiene en la vida de una persona. Abrazo
EliminarEste relato, como siempre tan simpático, es una demostración de las infinitas razones que existen para justificar un asesinato jajaja!. Me ha divertido mucho. Besos.
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