28 ago. 2010

CHEF CHANNEL


Iban a la guerra y pretendían olvidar su existencia. Luchaban, morían, y en un fugaz instante final comprendían su destino.
Sentada es el sillón del living Blanquita miraba su programa de cocina. El paciente cuchillo del chef despedazaba con filoso placer los pedazos de verdura. De la tabla de picar a la olla de agua hirviendo.
-Cada vez el chef usa más ingredientes para hacer una simple sopa de verduras.
-Cambia mami, no me gusta la sopa.
Quedó allí, tendido en la suave pendiente de la colina, junto a muchos más, junto a cientos de cuerpos mutilados.
- Pera viejo… ¿a ver que le mete? ¿Qué es eso blanco? Será hinojo…apio…
Era un muerto singular, ya nadie recuerda desde cuando.
-Mami me parece que el pollo esta viejo. Mirá… tiene pintitas verdes.
-Son los condimentos, mi vida.
El sol y la lluvia, las aves carroñeras y los gusanos socavaron túneles en la carne muerta de sus compañeros, fundiéndose lentamente en la tierra. Pero él no, su cuerpo resistió la podredumbre y nadie entendió el macabro portento.
-Todos esos boniatos están abichados o por ahí los masticó alguna ave. Suerte que el chef recuperó uno.
En la colina, su mano plácida yace extendida, abandonó su espada, entre sus dedos crece la hierba y él persiste.
- Se le piantó el cuchillo a la olla. Este potz no tuvo mejor idea que meter la mano en el agua caliente para sacarlo, salió el dedo lleno de acelga. Qué mala impresión me dan los programas de cocina moderna viejo.
Él, recostado en el suave declive, observaba con las cuencas vacías de sus ojos, la alternancia del sol y de la luna durante incontables ciclos.
-Ahora para darle gusto le pone una cabeza de pescado ¡vaya a saber desde cuando la tiene guardada!
Si Petrona lo viera…


Aida Rebeca Neuah

Las oraciones resaltadas pertenecen al cuento
"El Muerto en la Colina" de Jorge L. De Abreu.

20 ago. 2010

LA DESPEDIDA


Y él se quedó escuchando el último paso alejarse, la última puerta cerrarse, sintiendo aún el halo de presencias en la sala.
Sus fantasmas se pararon en ronda y lo ubicaron en un extremo. Lo tomaron de la mano, empezaron a girar, de andar a correr a volar, a gran velocidad. Se esfumó el piso, el techo, la sala, todo. Aquellas manos lo asían con fuerza, las podía ver entrelazandole sus dedos. Al punto máximo de giro se escuchó un chiflido intenso. Habíamos hecho lo nuestro. La ronda fue parando lentamente. Sus amigos se despidieron uno a uno en un abrazo.
Y él se quedó escuchando el último paso alejarse, la última puerta cerrarse, sintiendo aún un halo de ausencias en la sala.
Se levantó en silencio, tomó sus papeles, apagó la luz y se fue.

Aida Rebeca Neuah

14 ago. 2010

VIDAS


Las cosas a mi alrededor desaparecieron rápidamente. Yo necesitaba un espacio y sólo vi esa naranja. Me acerqué sabiendo que no tenía mucho tiempo para decidirme a ocuparla. Era de un color brillante, tímidamente empolvada con una fina capa de tierra arenosa. Una gruesa y rugosa piel la recubría dejando intuir un interior tierno y jugoso. Desde donde estaba, llegaba a sentir un aroma a azahares que me transportó a la infancia de no sé cual de mis vidas. En el instante en que empecé a entreveer mi destino de citrus, empezó la fusión. Mis círculos espiralaron en una total redondez, girando en una metamorfosis sin fin. Mi piel se hizo fibra, cubriendome de capas y capas de cascara frutal. Mis células fueron las pepitas anaranjadas y su jugo fue mi sangre. Cada órgano convulsionó y se acomodó dentro de la fruta, separados por una fina lámina de pielcilla transparente. Me achique hasta caber en una superficie cien veces menor a mi ser original y mi alma encontró su lugar en el centro, en las semillas donde todos los recuerdos estarían, pero yo no me acordaría de nada.

Aida Rebeca Neuah

7 ago. 2010

LA FRASE


Te veo de noche,
en sueños,
mis sueños.
Me acerco despacio,
sin tiempos,
sin miedos.
Me siento a tu lado,
muy cerca,
un suspiro.
Te tomo la mano,
un susurro,
una letra.
Te digo al oído,
mil veces,
la frase.
ALMA DE DIAMANTE
Mañana tal vez,
quizás,
podrás recordarme.

Aida Rebeca Neuah