
Acapulco, México
22 de julio de 2010
Amalita de mi alma:
Cuando recibas esta carta, yo estaré lejos. He descubierto que la distancia entre nosotros dos acrecienta mi amor. Y, en México, cada momento te quiero más. Estando tan bien a tu lado, he llegado a no reconocer "el estar mal", por eso me fui, para valorarte. Lejos te extraño y reconozco aun mas (si eso es posible) tus cualidades. Me despierto a media tarde deprimido pensando que no te tengo… ¡no lo puedo soportar! Vago por la mansión de Acapulco, recibo un par de amigos, bebemos. Al caer la noche salimos a desahogar nuestras penas en los boliches bailables. La hija de tu amiga Gladys esta acá conmigo, me vio tan pero tan mal que no quiso dejarme solo. Muchas noches al volver de bailar se sienta en mi cama y me acaricia, para aliviar el dolor que siento. Esta tan bonita, si la vieras, anteayer cumplió veinte años, le compré una torta e hicimos una fiestita juntos. Me llevé algunas cosas para tenerte siempre presente, el anillo de rubíes que guardabas bajo los dientes postizos, la diadema de brillantes que estaba en la cabeza maniquí bajo tu peluca, las joyas, todo el efectivo, los títulos de propiedad de las mansiones en el exterior y las acciones al portador que estaban en la caja fuerte (así prevenimos robos, viste como esta el servicio doméstico últimamente). Para que me recuerdes te dejé bajo la cama las medias que usé el día que nos casamos, no me las saqué en toda la luna de miel, son mis medias de cábala, no se deben lavar nunca, ponelas bajo la almohada. Si, soy un sentimental ¿viste?
Mi amada, la distancia resguarda nuestro amor en un recuerdo que no se borrará jamás.
Tuyo para siempre en la triste lejanía.
El pulga
Aida Rebeca Neuah