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23 jul 2013

V.V.T (Teoría de la variabilidad del valor tiempo)

pescadores de sueño oleo lienzo,127/76cm Lienzo Óleo Figura
Te beso. Siempre lo hago al llegar. Siento un ruido a mi  espalda. Me doy vuelta.  Para ver detrás de mí, tengo que dejar de mirarte. Lástima. Giro para la izquierda.  Mis ojos pasan por el sillón, ese nuevo que compraste. ¿Tanto salió esa porquería? Recién lo veo, un cachivache. La mesita ratona  está corrida de lugar. Sigo girando, la puerta de nuestra  habitación, cerrada. El baño, mojado. ¿Sacaste el cuadro que te regaló  mamá sin consultarme? ¡Qué mal! Se va a enojar. La puerta de calle, como siempre, sin llave. Algún día vamos a tener una desgracia.  La cocina limpia. ¿Lavaste los platos? ¡Esa es mi mujer! Justo a mi espalda, el ventanal del balcón abierto y un señor desconocido, con tijeras de podar en mano, viene hacia mí desafiante. Un amante, lo sabía. Tenés un amante Martita, por eso querías que hiciera horas extras, no por la plata. Yo laburando como un burro para que vos te diviertas con este tipo, que además es una criatura al lado tuyo. Degenerada. Giro a la derecha para verte. Roja, estas roja de vergüenza. No es para menos, te enganché con otro. “¿Qué me hiciste Martita?” exclamé con furia “¿Qué Martita?” me gritaron los dos a dúo. Los miré. ¡Qué linda pareja! “Perdón,  creo que me equivoqué de depto”.


Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Pescadores de sueño" de Juan Fernández 

23 sept 2012

GUEFILTE FISH


Todos  sabemos que hay profesiones  peligrosas pero ninguna  como ser liberador de monstruos. Daniel Srekman trabaja incansablemente buscando a estos seres en las más oscuras y recónditas cavernas, cavando sin parar para encontrarlos, despertarlos y devolverles  la chispa de la vida. Él nunca sabe con qué tipo de criatura se va a encontrar al final de su búsqueda, lo que sí sabe, aprendido gracias a su vasta experiencia en el ramo, es que esos  monstruos al despertar son  tan imprevisibles que no hay forma de planificar de antemano su labor.  Es  sabido por él y por todo el que se precie de liberador de monstruos profesional  que en épocas de cambio de estación el trabajo se incrementa y se hace más interesante. Este setiembre, no fue la excepción, había recibido un llamado inquietante y anónimo avisándole que tenía una labor difícil esperándolo en el desierto de Gobi, en una ciudad oculta a los ojos de los hombres. Allá fue nuestro héroe cargando al hombro su pico, su pala y el mapa de cómo encontrar la caverna del monstruo escondida  detrás de una cascada de agua, la cual encontró sin ningún inconveniente.
-Monstruito, monstruito ¿dónde está mi monstruito?- cantaba mientras mantenía el ritmo de trabajo entre pico y pala - ¡nooooooooooooo!
Así fue como el protagonista principal de esta historia, que eligió conscientemente  servir a sus hermanos despertándolos de su letargo, se vio por primera vez atrapado  por  la criatura más peligrosa  y  la más rara  vista jamás (en realidad era la primera vez que alguien la encontraba). Una criatura sobre la que abundan historias populares, dichos, chascarrillos y caricaturas. Calculo que a esta altura usted, señor lector, va intuyendo de lo que estamos hablando. Sí, sí, sí… no tenga miedo a pensarlo. Tampoco tenga miedo a decirlo. Nuestro héroe se encontró con una mamá pulpo judía, que  antes de poder decir sinsalamín  lo había  enredado en sus tentáculos,  estaba tejiéndole pulóveres para que no tenga frío y le daba de comer bolas de pescado con salsa de remolacha (todo al mismo tiempo).  ¿Me está diciendo que exagero? Créame ni un ápice. Daniel  trató de resistirse pero cada vez que conseguía mover la mano para sacarse un tentáculo de encima, la extraña criatura  no dudaba en cantarle el arrorró  pulpo (1). Triste el destino de  nuestro liberador de monstruos, atrapado por una de sus criaturas, no pudiendo moverse, ni hablar (porque siempre tenía la boca llena de comida), durmiendo el sueño del arrorró pulpo.
A esta altura  estoy segura que usted se preguntará  si nuestro héroe  pudo finalmente liberarse, la verdad es que yo también me lo pregunto. Por esa razón pongo a su disposición dos finales, uno de los dos es cierto y posiblemente el otro también…
Final 1: Atrapado. Estaba acorralado. No podía casi respirar (tenía un tentáculo tapándole la nariz y la boca).  Convengamos que tampoco necesitaba moverse mucho, ni respirar demasiado ya que tenía todo lo que necesitaba básicamente para vivir. Al pasar los días  se fue sintiendo más que cómodo y se encontró con tiempo de sobra para pensar en lo que quisiera y hacer lo que quisiera. Está bien, no podía hacer  mucho… pero la mamá pulpo prometió permitirle ver el sol una vez al mes  si no hacia ni frio, ni calor, ni  había viento y mientras tanto… tenía las bolas de pescado.
Final 2: Atrapado. Estaba acorralado. No podía casi respirar (tenía un tentáculo tapándole la nariz y la boca). En los pocos momentos de lucidez en los que decaía el efecto del arrorró pulpo nuestro  héroe, buscaba soluciones desesperadas y se angustiaba  porque no las encontraba. De tanto querer y querer liberarse y haciendo gala del refrán “el que quiere puede” el universo confabuló y su cuerpo lo ayudó. A causa de la inmovilidad se le formaron gruesos tapones de cera en los oídos, por esa razón, cada vez la canción le hacía menos efecto. En un descuido de la mamá pulpo, el liberador de monstruos se escapó y aprendió varias cosas. Que para tener libertad primero hay que quererla, que hay seres que no quieren despertar y obligan a otros seres a compartir su letargo y  que vivir es más que estar quieto, cómodo, durmiendo todo el día  y comiendo  bolas de pescado…

Nota de la autora:
(1) Todos suponen que el único canto que emboba a los hombres es el canto de las sirenas. Error. El arrorró pulpo es muchísimo más poderoso,  desde el primer acorde la persona  se siente responsable por la vida sacrificada que ha llevado la mamá pulpo y se llena de culpas paralizantes.

Este cuento va dedicado …“al que le quepa el sayo que se lo ponga”

Aida Rebeca Neuah

Imagen: "Ojos Andre" de Diego Castellón

10 jul 2012

HISTORIA DE UN GATO Y UN PAR DE ANTEOJOS



Te miro te miro y te miro. Quiero un beso. No es el momento adecuado para planteártelo pues estás en medio de una disertación hablando sobre la vida sexual del cangrejo africano o algo parecido. No importa. Aprendí que hay cosas que no tienen la más mínima importancia, por ejemplo el tema  del que estás hablando. Prefiero imaginar que es una charla privada conmigo y que estamos arreglando una velada en algún lugar romántico cerca del rio a la luz de la luna...
Te miro, te miro y te miro. Dame otro beso. Tus ojos se posan varias veces en mí. Sobre todo cuando cruzo las piernas y pateo a mis vecinos. Te gustan mis piernas. Lo sé. Es innegable la cara de fastidio que ponés cuando la gente se queja de mis patadas, te morís de ganas de levantarte y ponerlos en su lugar, claro, disimulás...  Me gusta  ese aire protector que tenés para conmigo… me gustás vos…
Te miro, te miro y te miro. Tu sonrisa es la clave para abrir  todas las puertas del cielo. Sos un divino. Se te hace un hoyuelito en la mejilla izquierda. No es la primera vez que lo veo, obvio, pero con vos es siempre como la primera vez. Ojalá la pelotuda de arriba haga otro de esos comentarios pedorros que te hacen reír. Juro que si sabría de qué mierda hablás los haría yo misma, gracias a D´os el universo conspira siempre para ponerme a mano lo que necesito,  como esta turra de acá arriba que facilita que me regales tu sonrisa.
Te miro, te miro y te miro. No lo puedo creer. La pelotuda de arriba leyó tu libro o por lo menos eso dice. ¿Lo habrá leído todo? Son como ciento cincuenta paginas, de los dos lados. No lo creo. No lo leyó. Miente. Seguro que miente. ¡Qué falta de sinceridad! ¡La franqueza ante todo loco!  Si me hubieras preguntado a mí, yo,  te habría mentido.
Te miro, te miro y te miro. ¿Cansadito, mi vida? ¿Querés irte a casa? ¿No? Dale, terminala de una vez y andá saludando que quiero irme. ¿Me vas a hacer ir a buscarte? ¿Qué hacés con la pelotuda esa que miente que te leyó? ¿Por qué la abrazás? ¿Por qué la besás?
¿Negro?
¿Mi Negrito… quién es esa mina?
¿Te cortaste el pelo? ¿Te lo teñiste?
Perdón…
Disculpe, señor, señorita… de noche y sin lentes todos los hombres son pardos…

Aida Rebeca Neuah

Imagen: "Como cada noche" de Enrique Amaya