Así como si nada, uno se metió en el otro y el otro en él.
Así estuvieron insertos hasta que el último granito de arena cayó por el embudo del reloj del no- tiempo.
Así compartieron, no importa que, las cosas compartidas pasan a ser de más de dos, de todos los hombres.
Así lo dieron todo porque únicamente con lo que se entrega de alma se construye y se crea.
Así fueron del cielo y la tierra, del agua y del fuego, del sol y la luna.
Así se quisieron tan diferentes hasta que se complementaron para no ser iguales.
Así sus silencios hablaron de cosas nuevas y es posible que estos alguna vez hagan explotar en gritos algunas afonías perdidas.
Así cambiaron y no se reconocieron y se desencontraron y se perdieron y después, mucho después, al principio del final se chocaron para volver a comenzar.
Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Ronda Nocturna" de José Hermitanho