Primero fue el maquillaje, se diluyó fácilmente. Después la piel se me hizo transparente, volátil, desapareció. Las capas y capas de carne se deshojaron y cayeron con la liviandad con que flotan en el aire los pétalos de rosas. Cuando nada quedó más que mis huesos, los ríos de lágrimas frenaron su paso antes de caer en el abismo. Raspé de ellos tu recuerdo con mi último aliento y lo guardé en el altillo donde se guardan las cosas que no pensamos volver a usar. Mi cuerpo liviano, flotando, sin carne, sin piel, sin maquillaje, sin huesos y sin vos. Mi alma renacida buscaba el camino de volver a ser.
Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Lágrima" por Sandra García