30 oct. 2011

REQUISITOS BÁSICOS

MIRADAS-23 | Cuadro


“Caballero de edad muy avanzada, sin familia, enfermo, busca persona o pareja que quiera darle compañía y cuidados sencillos. Ofrece a cambio la propiedad del inmueble a su deceso”. Terminé de escribir el papelito y se lo di a la chica de la agencia. Me sonrió.
 Usted sabe señorita… Rosa, me llamo Rosa. Vos sabés Rosa, lindo nombre, hay una flor que se llama así. Rosa, me viene bien cualquier persona con buena voluntad. Prefiero  una señora, las mujeres  tienen esa sensibilidad especial, esa visión de los conflictos que las hace únicas. Le corrijo y le escribo “señora” don Fermín. ¿Señora?… ¿dije señora?… bueno quise decir una señora joven, la juventud empuja, va para adelante y eso es lo que estoy necesitando, mucha fuerza y mucha garra. La chica que venga que no sea muy alta ni muy baja, a las altas les cuesta agacharse y con las petizas me duele el cuello cuando hablo con ellas. A  mí me gusta mirar a  la persona a la cara cuando le hablo, Rosa, que hermosos ojos tenés. Lindo nombre rosa, hay una flor que se llama así. Le agradezco don Fermín. ¿Quiere que la muchacha le cocine? No, siempre tengo en mi habitación almendras, chocolates, quesos, cerezas y alguna bebida espumante, no hace falta que me cocinen. ¿Qué le charlen? No hace falta, sabes Rosita… rara vez salgo de mi  habitación, converso mucho con mis amigos por teléfono, claro, todos están lejos y no pueden venir a visitarme, charla  es lo que me sobra. ¿Qué lo bañen? Tampoco, quizás un poco de ayuda para entrar en el jacuzzi, sabés que esas escaleras son muy resbalosas. Rosita, entre nos, yo casi no me levanto, pasaríamos mucho tiempo en la cama. Don Fermín ¿y qué van a  hacer en la cama? ¿Qué podemos hacer?… jugar a las damas.

Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Miradas-23" de José Vicente Boix Fenollosa 

23 oct. 2011

INSTRUCCIONES PARA LLEGAR A TUS OJOS


Matriz

En un día claro, de sol brillante, me ubico a una distancia de no más de veinte centímetros, con el astro rey 
iluminando tus facciones.  Miro hacia adelante. Tu semblante y el mío quedan paralelos. Suspiro. Mi cerebro tarda unos minutos en  dejar de vagar por tu  cuerpo y focalizar  en  tu rostro. Fijo  mi primera  mirada en la T que dibujan las  cejas y la nariz. Esa  zona que en otras personas no tiene ningún fin, es la perdición de mis sentidos. Allí  nacen espirales giratorios que salpican colores pasteles al son de tus sonrisas.  Sigo mi  camino hacia tu boca, donde nacen tus besos. Los  labios descansan, se mueven con lentitud urgente. Bajo a tu mentón, fascinada,  tobogán de pendiente perfecta, me veo minúscula saltando en él, una y otra vez, riendo. Subo  por los  pómulos escalonados hasta  llegar a tus ojos ( pantallitas circulares del ver, canales de acceso directo  a  tu ser)  coronados de pestañas  que me  escriben palabras. No  siempre las  comprendo. Cierras, abres, cierras abres. Leo tu mensaje, son voces nuevas, desconocidas. Tus ojos se expresan en tonalidades, en profundidad. Me incitan a adentrarme y cobijarme en colores. Me atrapan, me amparan y me juegan a las escondidas, me divierten, me encandilan, me obnubilan. Apresando  mi vivir en tu mirada.


Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Matriz" de Francisca Ulloa Rodríguez

18 oct. 2011

HISTORIAS FANTÁSTICAS I

Vista desde el Cielo
Esa tarde el lugar estaba atestado. No me gustó la idea de estar parado, así que me senté al lado de una señora que de cerca  no resulto ser tan vieja.
“Ojalá hoy lo pueda ver” pensé, hacía días que lo buscaba y ni noticias.
La mujer sentada a mi lado alargaba el cuello como queriendo espiar. “¿Usted también espera a alguien?” pregunté. “Si, a mi hija, la abandoné de bebé en un orfanato, cosas de la vida, una historia muy triste. Nunca  la pude ir a buscar. Sufrió mucho, pobrecita y está muy solita. Ahora me contento cuando la curioseo  a escondidas. Es esa, la que viene por allá, se está acomodando en ese banco“dijo y se estiró tanto que  por poco se cae al vacío.  
“Ajá” moví la cabeza haciendo un gesto de entendimiento cuando en realidad no sabía de qué me hablaba.
“Mi pareja y yo nos conocimos hace muchos años en esa plaza” le conté “en ese mismo banco exactamente” señale para abajo de la nube y me arrimé al borde del asiento para ver más de cerca. “se quedó muy solo cuando me fui, no tuve opción, sabe. Ahí, mírelo, ahí viene”.
El hombre de traje oscuro se ubicó al lado de la chica que ya estaba sentada en el banco.

Acá señoras y señores, hacemos un alto para entender mejor el panorama. En la plaza, hay dos seres que sufren, que por distintos motivos viven inmersos en una soledad abrumadora. Ellos se merecen una oportunidad y de hecho la tienen. Sepan ustedes que  por esas cosas raras del destino, yo, la escritora (que tengo algunas inferencias en este texto) sé que son compatibles. Sería una  la compañía ideal de la otra. Podrían crear un infinito mundo de posibilidades si estiraran la mano. ¿Y qué pasa? ¿Usted sabe que pasa querido lector? Nada, no pasa nada. Ni se miran, ni reparan uno en el otro. Usted dirá ¡qué lástima! Si, una verdadera lástima. ¿Me preguntará como termina la historia? Termina así, cuando en un suspiro se levantan cada uno y se va para su casa, perdiendo por no animarse. ¿Y los que están en la nube espiando? Ah, esos están muertos pero son vivos y no pierden tiempo. Tienen cita mañana de tarde en el mismo nimbo…

Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Vista desde el Cielo"  de José Miguel Corral

8 oct. 2011

SIN SALIDA

chica arco iris | Cuadro


Los siete colores del arco iris se amplían  en abanico desde esa gota de agua. ¿Un camino? Un sendero de colores brillantes se abre ante mí. Rojo pasión, un paso. ¿Dónde estoy yendo? será este mi escape. Naranja, otro.  Rostros conocidos de vidas ya vividas me gritan en gestos, imposible escucharlos ¿qué me dicen? amarillo, un paso. Mariposas transparentes  aletean rápido, me acompañan. Una de ellas se posa en mi mano, me mira, mueve sus antenas. Verde, otro. Me escapo ¿me quiero escapar? Si, quiero. Turquesa, un paso. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si. Si, quiero. Violeta, otro. Lluvia de jazmines en pétalo: suavidad, humedad y frescura. Fucsia brutal, última estación. Nadie puede escapar de uno mismo.

Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Chica Arco Iris" de Santi Hernandez Veracruz

6 oct. 2011

MARÍA

ZAPALLOS II | Cuadro

Nacer, nacemos todos, pero nadie como ella que lo hizo entre hojas verdes y calabazas gigantes. La encontraron unos chacareros que la cuidaron con esmero y siempre le dijeron la verdad sobre su origen “ María usté es hija del zapallo. Sino… ¿porque tendría ese color de pelo?”  Sus primeros años de vida fueron de intenso contacto con la naturaleza, los soles alumbraron sus días y las estrellas sus noches hasta que un mediodía de otoño un circo, de esos que van de pueblo en pueblo, la cargó en un carromato y se la llevó. Un mundo nuevo y diferente le abrió sus puertas , uno por uno fue probando todos los puestos del circo y en todos era perfecta, como si hubiera nacido para eso. Había encontrado de alguna manera su lugar, su ambiente de pertenencia. Por primera vez podría decirse que era feliz y se le notaba, su cabello brillaba, sus ojos chispeaban y tenía una sonrisa adornando su rostro. En su cumpleaños número veinte se enamoró locamente del hombre bala, fueron tiempos de premura, de pasión y de rojofuego. Dos  años después él se fue como tiro detras de la ayudante del mago dejándola con un embarazo casi a término. María se sentía traicionada, abandonada y sola, quería escapar de su recuerdo, de todo. Una nube negra se le plantó en el pelo, se vistió  y salió a la noche con la luna guiándola. Caminó, caminó mucho hasta que los dolores de parto la obligaron a hacer un alto  y  tendida en la tierra tuvo a su hija, sola. La tomó y la acunó entre sus brazos, se acostó y su cuerpo desapareció entre aromas conocidos. Morir, morimos todos, pero quién como ella, como María, que lo hizo entre hojas verdes y calabazas gigantes...

Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Zapallos II" de Ayelen Giudici

4 oct. 2011

BLACK & WHITE

Cuando el  mundo respira | Cuadro

El inconsciente es un hombre vestido de sobretodo negro, de piel blanca y sombrero de ala cruzada. El consciente es un mulato de piel brillosa vestido de  traje inmaculadamente blanco. Hay veces que se juntan, son amigos, juegan al truco. Quieren hacerse trampa aunque ninguno de los dos sabe mentir ni saben el significado real de las señales.


Aida Rebeca Neuah
Imagen: "Cuando el Mundo Respira" de Fernando Reyes Varela