22 feb. 2011

DE VUELTA, LAS FLORES. EPÍLOGO DE ÉL



Este texto es el desenlace de una historia contada de a dos, para una mejor comprensión de la misma leé:
DE VUELTA LAS FLORES-PRECUELA por Viejex
DE VUELTA, LAS FLORES por Aida Rebeca Neuah

Imagínese doctor, después de tantos años juntos, todo lo que yo hice por ella, si la tenía como una reina, no le faltaba nada. Un día vuelvo a casa cansado, muerto, reventado de salir a yugar por ella, por esa turra, flor de turra. Abro la puerta, oscuridad total. No está, no la encuentro, se fue con los chicos. La busqué. Revolví cielo y tierra. La muy desgraciada estaba en lo de una prima, voluntaria en uno de esos lugares que ayudan a las zorras a dejar a sus maridos. Trolas, todas trolas. La fui a buscar. No quería verme. ¡A mí! Me mandaba a la prima, me mandaba al marido de la prima, un oso, mide como dos metros el chabón. Me quedé en la esquina esperándola. ¡Si! ¡A mi mujer! La vi salir sola, un día y la seguí, iba a lo de un abogado, que hija de puta. La enganché afuera, le cacé el brazo: –vos te venís a casa conmigo- le dije. Gritó. ¡Cómo gritó! Vino la cana. Me denunció. Yegua ¿Puede creer doctor? ¡Mi mujer! Dijo que tenía miedo ¡que me tenía miedo! Yo nunca le hice nada. Batió que la fajaba ¡mentiras! Eso se lo metieron en la cabeza en el lugar ese adonde va, lleno de zorras que no respetan a los hombres, todas tortas. Nunca la toqué, créame, se lo juro, la internaban porque se caía, es torpe, muy torpe, se cae y me echa la culpa de los moretones, se golpea a propósito, reverenda hija de mil putas, mal parida. Pregunte en el barrio, todos le van a decir lo mismo, soy un buen tipo, laburante, vivo para mi familia, para ella, la extraño, la necesito en la casa, un hombre no puede estar sin su mujer, estoy solo ¿entiende usted doctor que se fue y me dejó solo?

Aida Rebeca Neuah

Imagen: Eric Flichl





El final de la historia de ella lo cuenta Viejex enDE VUELTA LAS FLORES-EPÍLOGO DE ELLA

16 feb. 2011

DE VUELTA, LAS FLORES


Atraviesa el portón, puedo sentir cada baldosa crujir bajo sus pies. Se aproxima, lo veo desde la ventana. Lleva un ramo de rosas blancas, mis preferidas, un gran gesto de su parte. Nos peleamos la semana pasada, culpa mía. Mi marido es un gran hombre: siempre se preocupa por todo, trabaja de la mañana a la noche, vive para su familia, no merece mi falta de atención. Me entretengo haciendo tonterías, hablando por teléfono, cosas en la casa o ayudando en la tarea a mis hijos, sino después se sacan malas notas y hay bronca. No quiero que les grite. Conmigo no importa, yo soy fuerte, lo comprendo, esta cansado. Con los chicos no. "¿Qué? ¿Qué falta para la cena? ¡Vengo del trabajo y la señora no tiene la cena lista!". Así empezó todo aquel lunes: los golpes, los gritos, la ambulancia, la internación, una semana en el hospital con fracturas internas. Los doctores me preguntaron muchas veces que había pasado, les dije que me caí, tuve miedo, "Cerrá la boca y ni se te ocurra dejarme porque te encuentro y te mato". Ahora, él está entrando en la casa. La mesa está puesta. La comida preparada. Se acerca y me abraza sosteniendo el ramo en mi espalda. "Nunca más nos vamos a disgustar, decime que no me vas a hacer enojar otra vez, prometelo, te traje flores". Se sienta en la cabecera de la mesa y habla animadamente. "Me voy a acostar, mañana trabajo, poné el ramito en agua". Me besa el ojo en compota y sube. Acomodo las flores en el jarrón que tenemos frente al espejo de la entrada. ¡Pobrecitas las rosas, no quieren quedarse allí! Luchan, se resisten, desorbitados sus tallos pelean por huir. Los capullos tuercen hacia la salida. Los pétalos agotados se suicidan, se desprenden de sus corolas, se tiran al vacío fuera del jarrón. Me veo en futuro, retorcida tratando de escapar o peor aún, cayendo en un abismo infernal. Levanto los pétalos… abrazo las flores… necesitamos ayuda.

Aida Rebeca Neuah
Imagen: "ROSAS BLANCAS" de Alba Elisa Zuluaga

El señor viejex ha escrito una precuela de este relato. Para leerla haga click ACÁ

8 feb. 2011

EL RECHAZO

La mano abierta atraviesa mi carne, filosos mis dedos se abren camino para alcanzar la máxima ofrenda, te lo entrego sobre un almohadón de plumas color de rosa, rebozante de vida, latiendo.
- es un regalo- dije-para vos.
- quedátelo, sin corazón no podés amarme.

Aida Rebeca Neuah

Imagen: Bailarina II- Joan Miró